Seguimos platicando en el bar, en el taxi, en el hotel; era nuestra primera conversación de verdad. Me enteré de su compleja relación con su padre, de su cardiopatía congénita y de que alguna vez tuvo un perro que llamó "Bruni", como la cantante. Me contó de sus necesidades físicas, económicas y la responsabilidad que tenía con su hermana. Su vanidad y arrogancia ya no importó, el que fuese consciente de su vida y valor, le dio mayor belleza. Hablamos de la moral y tratamos (inútilmente) de definir conceptos artísticos, jamás pensé que conociera tanto de cine, ni que hubiese visto Aratat. Noté que movía mucho las manos y que su inglés era bastante bueno. No había recibido una buena educación, ni tenía estudios profesionales, me dijo entonces que la actuación era sólo un trabajo temporal. No sabía lo que quería, pero odiaba Milán y la bola de seudoartistas con los que trabajaba. Y así sentí que conversaba con algún ser amado. Luego ocurrió que seguimos conversando, más directos y cínicos; y sólo por esa noche, nos olvidamos de hacer el amor.
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