17 enero 2013

A desvelos y olvidos.


 
Me gustas a las tres de la mañana, 
sin telarañas en los ojos,
ni peces que te tuerzan la boca; 
como un capullo, apenas floreciente, 
rociada de la humedad matinal. 
Y yo, lleno de ganas que no me dejan soñar, 
olerte en mi brazos y verte abandona en ti,
tan frágil de nubes, 
tan muerta y tibia,
tan alunada y aún nocturna. 

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